El vuelo del guirre
El vuelo del guirre

El vuelo del guirre

Cada día desde hace muchos años atrás los guirres sobrevuelan nuestra finca en busca de algo que llevar al pico. Para nosotros es un auténtico lujo, el disfrutar del vuelo de una de las aves más enigmáticas y escasas de Canarias. Es un auténtico símbolo de la relación sostenible entre hombre, ganado y biodiversidad.

La vida de los guirres

Los guirres, como se conoce en las Islas Canarias al alimoche común (Neophron pernocterus majorensis), fueron comunes en todos los barrancos y tierras de cultivos. Hoy tan solo sobreviven en Fuerteventura y Lanzarote, y unos pocos en el archipiélago Chinijo. Llegaron a estar al borde de la extinción por los cambios en los sistemas agrarios y las costumbres ganaderas, los venenos, la caza y en general la transformación de un modelo económico agrario basado en el turismo y el sector servicios.

Aunque el toque de gracia casi se lo dan en los años 60 del pasado siglo por el alto consumo de DDT (Dicloro difenil tricloroetano) para controlar las plagas de langosta africana que invadían las tierras de cultivos de las islas.

¿Por dónde viajan?

El guirre o el buitre sabio, como le gustaba llamarlo a Félix Rodríguez de La Fuente, es un ave que ocupa algunos rincones del sur de Europa, norte de África, próximo oriente y sur de Asia. Es un ave carroñera de entre 55 y 65 cm de tamaño y entre 155 y 170 cm de envergadura. Se diferencia en el vuelo por tener la cola en forma de cuña. Los adultos tienen la cara amarilla, sin plumas. Las primarias y secundarias negras, a diferencia del resto del cuerpo, la cola y cobertoras alares que son blancas.

La subespecie endémica de Canarias (ssp. majorensis) tiene un color pardo rojizo característico. Frecuenta barrancos, acantilados costeros y zonas montañosas. Para alimentarse sobrevuela zonas de pastizales donde se concentra el ganado, llanos pedregosos y zonas rurales. Durante la época de cría suele observarse en solitario o volando junto al otro miembro de la pareja. Fuera de este periodo, forma importantes dormideros que ubica en zonas acantiladas, grandes árboles o torres eléctricas.

Apostando por la biodiversidad

Hace aproximadamente 20 años comenzaron los trabajos de recuperación de esta especie de la mano del Natuarlista Cesara Javier Palacios, el Cabildo de Fuerteventura y la Estación Biológica de Doñana, con una población de 21 territorios de nidificación y 140 ejemplares censados en Fuerteventura y Lanzarote. Hoy en día la recuperación del guirre en Fuerteventura y Lanzarote aumenta a un ritmo anual del 6%, tal y como han indicado recientemente los actuales miembros del proyecto. El remonte de la subespecie endémica se produce tanto en número de ejemplares, de 140 a 297 ejemplares en los últimos 16 años, como en territorios de nidificación de 21 a 65.

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